domingo, 30 de septiembre de 2007

Los "ex"..

Hay un momento en que “algo” –no importa qué- pasa a ser nuestro “ex algo”; ese día sabemos, o deberíamos saber, que nuestro flamante ex no se va, se queda, de una u otra forma, muy cerca nuestro para siempre. Ex es aquello que fue y ha dejado de ser; ya no lo es más y, en principio, no podrá volver a serlo. El ex se conforma como tal por abandono o renuncia. A veces simplemente el tiempo se encarga de volverlo ex, pero hay algo importante y tranquilizador: la muerte no entra en juego en esto. Para que haya un ex hay siempre una elección, una decisión, no intervienen el azar ni los dioses y eso vuelve más humana la cuestión. El ex es ex porque elige dejar de ser o porque simplemente lo separan del cargo, de su sitio.El ex es siempre presente. Desde el momento en que deviene ex, será ex para el resto de nuestra vida, nunca será pasado. Y eso es inquietante, porque si bien lo ex corresponde a nuestro pasado se cuela en nuestro presente para no dejar de ser. Lo dicho: el ex es, no fue. Por eso puede volverse tan conflictivo, tan pesado y tan cercano: siempre está. Una ex pareja, un ex deseo, un ex trabajo, una ex casa, un título de ex campeón. Con los ex cada uno hace lo que puede: los desdibuja, los empaña entre el recuerdo desviado y los olvidos necesarios; los idealiza o los subvalora, pero casi siempre se los coloca en el lugar más inofensivo que nos permita construir lo que realmente es y vive en el hoy, lo que tenemos al lado nuestro en el presente. Porque después de todo también somos lo que fuimos al lado de / junto con / gracias a / a pesar de / durante / por culpa de todos y cada uno de nuestros ex.
(Revista "La mujer de mi vida")

Las vidas..

Todas las vidas de la vida se iban bajando del carrousel, mareadas, pero contentas. Se sentaban y se miraban, y una se veía en otra, en tantas. Ella tenía mis uñas despintadas, aquellas calzaban mis zapatos, la e tenía mi pasado y una letra no divisible, mi futuro.No hablaban, creo que no había que hacerlo. Sólo aprovechaban a mirarse como desconocidas, sabiendo que tenían aquello que, de hecho, no las dejaba pronunciar nada. Yo creo que les era suficiente, les era extraño pero necesario. Era como reconocerse multiplicadas. Sí, quizás divididas también: en pares e impares, nuevas y viejas, sanas y salvas o eso creían.Cada cual tenía algo, pocas estaban vacías. En ese entonces mi vida tenía pocos años y muchos recreos.Las veía descomponerse, aliarse, desahogarse y todos los -arse que podía conocer mi vocabulario.Yo elegía como se elige una carta, casi al azar, a una de las vidas. ¡Qué sabía yo de nada!Decía envido, y respondían no ha venido. Así todo un tiempo, hasta que supe que el azar pocas veces existe y que mi elección estaba condicionada por vaya a saber una qué.Las vidas pasaban caminando cada vez más seguido, y era hora de bajarlas del tren, de dejarlas en estaciones como abandonadas pero no. Yo siempre volvería.Y solo una, una vez, un día, se negó a bajarse y me habló diciéndome:Mueres, mueres conmigo porque esto sos. Porque no me has dejado, porque he sido yo lo que se irá ya para siempre de tu mano, la que estará en tu cuerpo, en tus letras, en medios y tus nadas -el todo ya lo tienes-. Y han sido aquellas, las otras, las que volverán indefectiblemente en cada cosa que lleve tu nombre y no sabrán más de vos, de la que se ha ido conmigo.
(De "La mujer de mi vida")

El celoso..

El celoso no sabe que es celoso, cree que es realista. Como un Oráculo de Delfos de los sentimientos, como un Sherlock Holmes del deseo, el celoso predice el futuro y rearma los hechos del pasado con sólo observar el presente. Ve lo que nadie, tiene el oído absoluto del lenguaje amoroso.Ni los celos enferman, ni el celoso es un enfermo. Tampoco es un paranoico, ni un ridículo, ni un desubicado. El celoso es la víctima de un sistema de amores lights, de amores sentimentalmente correctos, de amores democráticos. Se anima a humillarse, a caer en lo más bajo de la condición humana con tal de encontrar la prueba de lo que siempre sospechó. Como en el amor, como en el deseo, hay muchas variaciones y matices de celos. Sólo el que se hundió en el amor, sólo el que se quemó en el deseo, sólo el que se humilló en los celos, está capacitado para mirar de frente al mundo.Los celos, es verdad, no son ni amor ni deseo. Son otra cosa. Pero sólo se pueden sentir en su verdadera dimensión cuando se ama o se desea. Y mucho más, cuando se ama y se desea.Los celos hacen que uno jamás se aburra. Siempre hay algo que averiguar, o algo que plantear, o algo que recordarle al otro. Los celos mantienen en la cabeza de uno, es decir, en el cuerpo, todas las coordenadas que hacen a nuestro objeto de amor. Nadie conoce tanto lo que ama como el que cela.Muchas veces, cuando el amor se termina, cuando el deseo se vuelve una especie de agua manchada de cenizas, los celos siguen. Perduran como estalactitas clavadas en el corazón. Son la última resistencia de nuestro cuerpo a la nada, a la indiferencia, al olvido de lo que alguna vez amamos.
(De "La mujer de mi vida")