martes, 21 de abril de 2009




Dicen que las personas extrovertidas son más infelices que las introvertidas y necesitan compensarlo mostrándose a sí mismas que están contentas, alegres, a bien con la vida.
Nadie enciende una lámpara para esconderla detrás de la puerta: el objetivo de la luz es dar más luz, abrir los ojos, mostrar las maravillas a su alrededor.
Nadie ofrece en sacrificio lo más importante que posee: el amor.
Nadie pone sus sueños en manos de aquellos que pueden destruirlos.
Excepto Athena.

Paulo Coelho- La bruja de Portobello

"Pasión: Describe la belleza de un encuentro fulminante entre dos personas, pero no se limita a eso. Está en la excitación de lo inesperado, en el deseo de hacer algo con fervor, en la certeza de que se va a conseguir realizar un sueño (...)
La pasión hace que uno deje de comer, de dormir, de trabajar, de estar en paz. Mucha gente se asusta porque, cuando aparece, derrumba todas las cosas viejas que encuentra.
Nadie quiere desorganizar su mundo. Por eso, mucha gente consigue controlar esta amenaza, y es capaz de mantener en pie una casa o una estructura que ya está podrida.
Son los ingenieros de las cosas superadas.
Otra gente piensa exactamente lo contrario: se entrega sin pensar, esperando encontrar en la pasión las soluciones para todos sus problemas. Descarga sobre la otra persona toda la responsabilidad por su felicidad, y toda la culpa por su posible infelicidad.
Está siempre eufórica porque algo maravilloso
sucedió,
o deprimida porque algo
acabó destruyéndolo todo.

Apartarse de la pasión, o entregarse ciegamente a ella,

¿cuál de las dos actitudes es la menos destructiva?"



Once Minutos - Paulo Coelho

Las cosas se cayeron, o se murieron. Las plumas te enamoraron, y las quisiste romper.
¿Por qué?
¿Por qué insinuas maravillas y regalas botones viejos?
No es justo. No es moral.
Te cagas en la felicidad. Una vez quisiste, y eso se volvio eterno, pero inalcansable.
Pediste piel, y te dieron hierro.




Las pupilas blancas te quieren robar.