viernes, 16 de noviembre de 2007

Memoria de ceniza..


-Cuando se te pase me llamas, eh loquita?
Pero ella se quedaba allí, recostada en la puerta, sin moverse, sin responder, sollozando ahogadamente y con la cara mojada de llanto.
-Me escuchaste?...No llores mas. Pero mira que tenes facilidad para llorar. Ahora anda, anda. Y cuando se te pase, me llamas, estamos?. Ya que no queres decirme por que lloras..
Entonces te encogiste de hombros, la dejaste con sus ojos despintados y sus brazos cruzados en el pecho, como protegiéndose, como acunándose con miedo, y empezaste a vestirte.
-Vamos, a las cuatro y media tengo que estar en un lado.
Te siguió mansamente. Ni siquiera te preguntaste por que. Por que lloraba, por que te siguió, porque seguía teniendo los ojos húmedos cuando paraste el taxi y la hiciste subir para que regresara a su casa.
Solamente balbuceaste a modo de despedida:
-Algún día me vas a contar por que lloraste.
Contarte.
Acaso vos no sabias?...si cuando la conociste lo primero que te llamo la atención fue ese hueco de soledad que la rodeaba como un vidrio, y esa voz empecinada en nombrar cosas sin importancia como para poner un manto sobre lo que verdaderamente debía decirte. Y, además, ella te mostró su tristeza, como se muestra una herida, y vos miraste, te hundiste en ese abismo, quisiste sumergirte allí, dijiste que tu mano estaría siempre tendida, que la querías.
Lo creyó. Necesitaba creerlo.
Hablaron de las cosas que los habían tenido prisioneros. Y entonces se sintieron libres para el amor, estremecidos por el roce de la piel, vestales de fuego incandescente y necesariamente eterno.
Ella apoyo su cabeza sobre tu pecho y oyó latir tu corazón como si le latiera dentro de su cuerpo.
Ella recostó su soledad en tu ternura, y sintió que no estaba sola, que nunca más estaría sola..te das cuenta? Tu amor la cubría como una enredadera, tu aliento humedecería el aire para que ella navegara como en un oleaje de tibio y azul, sin tocar las espinas del suelo, sin dolores, sin frío, sin ausencias…toda entera de temblor y de luna, de risa recién nacida, de ganas de vivir, de contarle a todo el mundo que te había encontrado, que estaba enamorada de vos, que la querías…
Pero no voy a hacer una lista de esas pequeñas alegrías que ella magnifico hasta el delirio.
Porque seguramente, vos ya ni te acordas.
Ni te acordas de sus cortas confesiones (o te acordas de algunas, pero solamente un poco), esas que te hizo con la garganta apretada y un miedo terrible de que no entendieras o no te importara.
-Cuando se te pase, me llamas, eh loquita?
Cuando se le pase qué. Eso nunca se pasa, a veces se adormece, pero esta latente en el fondo, debajo de la risa, debajo del entusiasmo, debajo de las espirales que dibuja la vida cotidiana.
-Algún día me vas a contar por que lloraste.
Y si te lo tiene que contar, de que le servirá hacerlo?
Si no te diste cuenta vos solo, sin que te diga nada..si te lo tiene que decir para que lo comprendas, para que lo sepas…entonces…todo lo que ella creyó devotamente no fue mas que un invento, un espejismo como consecuencia de su enorme desierto, una mentira con la bella forma de una flor…pero hecha de papel, que se vuelve ceniza ni bien la tocan los ojos.
Y bueno, que se aguante (lo pensas, no es cierto?)
Se invento siempre tantas cosas…
Se invento, por ejemplo, un corazón grande como una casa y ahora se pasea por su corazón como en una habitación vacía donde solo resuena el eco de sus pasos..


El amor como modificador del comportamiento


Nuestros padres nos han enseñado a amar. Ellos son nuestros primeros maestros, aunque no siempre los mejores. No podemos exigirles que sean perfectos. Los hijos siempre crecen esperando que sus padres sean perfectos; después se desilusionan cuando se dan cuenta de que esos pobres seres humanos no lo son. Tal vez lo mas importante de llegar a la adultez sea que cada uno de nosotros pueda ver a esas dos personas, que lo han criado, ese hombre y esa mujer, como seres comunes y corrientes, con sus problemas, sus conceptos erróneos, su ternura, su alegría, su pesar y sus lagrimas, y aceptar que solo son seres humanos. Y lo notable es que, si hemos aprendido el amor de estas personas y de la sociedad, podemos olvidarlo y volver a aprenderlo. Por lo tanto, existen grandes esperanzas para todos nosotros, pero en algún momento de la vida, hay que aprender a amar.
Creo que muchas de estas cosas están en nuestro interior, y nada de lo que vaya yo a decirles será sorprendentemente novedoso. Lo que van a encontrar aquí es a alguien que tendrá el coraje de enfrentarlos a todos ustedes y decir, para quizás liberar en el interior de cada uno la siguiente afirmación: “Eso mismo siento yo, y acaso es tan malo sentir asi?”.
(Leo Buscaglia)


Las distancias


Será por eso, porque los dos llegaron al lugar cargados con su historia, porque los dos llegaron al beso con el mismo hermetismo, encerrándolo adentro de la piel.
No se entregaron.
Hubo un intento, apenas un intento.
Un barco que quiso llegar a puerto pero se dejo arrastrar corriente afuera, hacia cualquier tormenta o hacia la misma tormenta de siempre.
Ella llevaba en si, largas caminatas por mañanas de sol, desolados cansancios de tardes amarillas.
El llevaba pegado a sus talones el polvo de las mismas baldosas andadas y desandadas varias veces al día.
Y además, llevaban otras cosas.
Canciones de moda que se les pegaron y cantaron, quizás las mismas canciones a un mismo tiempo pero en lugares diferentes..
Tal vez algún asomo de alegría vivido a un tiempo, pero separados..
Tal vez alguna tristeza inmensa en una misma noche pero bajo techos distintos..
Lo sabían todo el uno del otro.
Que puede haber de misterioso en la vida de una persona?
Y sin embargo, no sabían nada, porque ignoraban nombres y fechas y lugares donde habían pasado los veranos.
Hubieran tenido que contarse todo.
Hubieran tenido que hacer una larga lista de cosas, de sorpresas, de lagrimas, de sonrisas, de sobresaltos, agonías, desencantos, temores, de películas y libros y poemas sabidos de memoria, de casualidades, descubrimientos, de aceptación y de rechazo.
Hubieran tenido que pronunciar cientos de miles de palabras que fueran descascarando la soledad hasta dejar el cuerpo preparado para la entrega, para la confianza.
Hubieran tenido que atreverse a jugar una carta, el todo por el todo, quitarse la mascara, esconder la reverencia, decir la verdad, sea cual fuere, mostrar las lastimaduras, las arrugas, las vetas de oro, las napas de barro.
Pero no se animaron.
Les falto valor.
Ellos dijeron que les falto tiempo. Pero les falto tiempo.
Estaban engolosinados con su propia tristeza, estaban prisioneros bajo el caparazón de la comodidad. Temían que después apareciera de nuevo la soledad.
Y entonces caminaron juntos unos pasos.
Y entonces se estrecharon fuerte, se besaron, cerrando los ojos, porque cada uno quería mirarse a si mismo, nada mas que a si mismo y no al otro.
Estuvieron acariciando el límite, lo exterior, la impenetrable puerta, la puerta con cien cerrojos; y ninguno de los dos quiso buscar las llaves, ninguno de los dos quiso empezar a abrir, ninguno de los dos quiso saber que había en realidad detrás de la puerta que los separaba.
Pero fracaso el encuentro.
Porque cada uno fue a encontrarse consigo mismo, porque cada uno fue a alimentar con llanto su propia soledad.
Porque cada uno llevo a su distancia y la puso en el medio.Y a pesar de los besos, y a pesar de la parodia del intento, y a pesar de ser un hombre y una mujer llenos de posibilidades, se dijeron adiós y lloraron, pensando que lloraban por decirse adiós, pero sabiendo que cada uno lloraba por sus viejos dolores, otros adioses, por otros intentos y otras historias. Y porque nunca mas podrían borrar las distancias que los separarían de ellos y de los otros que quisieran, alguna vez, acercarse a ellos..